lunes, 3 de enero de 2022

UNA OCASIÓN PERDIDA

        Ahora golpearé la tumba con los nudillos una vez, dos seguidas, una vez, otras dos, así hasta escribir en Morse: “Padre, si me oyes, responde. ¿Hay otra vida? ¿Es mejor o peor que la de aquí?”
      Los presentes estaban expectantes, como los niños cuando el mago promete hacer desaparecer a la chica del cajón.
  Pasaron interminables los minutos. Demasiados para que un grupo de juerguistas borrachos aguantaran sin soltar la carcajada. Todos fueron marchando, entre traspiés y solicitudes ahogadas de silencio.                                                                                                             Los golpes sonaron cuando ya nadie humano podía oírlos: “Perdón, hijo, tuve que ir a buscar al señor Morse. ¿Qué querías saber?” 



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