lunes, 3 de enero de 2022

EL OTRO LADO

 “Ahora golpearé la tumba con los nudillos y saldrán. Cuidado, porque al que esté fuera de la alfombra le arrastrarán al inframundo”.

Al abuelo le gustaba contar. Lo hacía con voz cavernosa y gestos graves. Sus nietos le escuchaban entre el placer y el susto en las noches de invierno. Como atrezo empleaba a veces esa arca, donde antes se guardaba el pan, recubierta por una tela oscura.

Una noche de tormenta se fue la luz y, al volver, Quique no estaba. Era el pequeño, nunca más se supo.

El abuelo, aún hoy, repite cabizbajo: “Le dije que no saliera de la alfombra”




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