jueves, 3 de septiembre de 2020

NOS VEMOS ARRIBA

Nunca había estado en el Empire. En el hall, se fijó en los numerosos niños de colegio. Estaba ilusionado, aunque perplejo. En la 19 tuvo la sensación de que en el ascensor solo había jóvenes, pero al llegar a la 40 reparó en bastantes personas maduras. Se oía el zumbar de los cables de acero y los botones parpadeaban sin cesar. Desembarcó en la azotea con un grupo de ancianos. Cuando corría a coger sitio en la baranda vio que ella le esperaba. Un sol de fuego le hizo cerrar los ojos. El bip-bip se hizo línea continua.



Micro escrito para el concurso LEMCA  de "Esta noche te cuento".

https://estanochetecuento.com/jornada-7-encuentro-6-castilla-leon-b-euskadi/

CANTATA PARA PALOMO Y ORQUESTA

Siempre he odiado cantar. Será porque mi oído es de adobe, o porque mi voz es irritante incluso cuando hablo, o por don Pablo. Se creía muy simpático Palomo, así se apellidaba, con P de puñetero, de pedazo de mierda, de podrido hijo de p… Siempre bien erguido entre las mesas, la cabeza alta, como buen retaco, el bigotito enhiesto; y aquella varita siempre amenazadora tras las nucas. “A ver, Fernández…”, allí ante todos, y en cuanto dudabas ya estaba su mano en tus patillas. “No se queje tanto, no sea nenaza”, nos decía ante las risotadas de la clase. Y cuando quería ponerse festivo era aún peor. Fue un día antes de las vacaciones cuando aquello. “Cante usted Fernández, bien fuerte, para todos”. Y sabía de mi timidez y, sobre todo, de mi incapacidad para la música. Y yo que no, y él no me haga enfadar, y el palito amenazador ante mi cara. Después de treinta años aún se siguen riendo. Las carcajadas se oyeron hasta en el colegio de las chicas. ¿Se acuerda Palomo? Pero no tiemble. Nada ha cambiado, solo que ahora yo tengo la batuta y le toca cantar a usted.



Relato publicado en "Esta noche te cuento". Tema: la música.
https://estanochetecuento.com/cantata-para-palomo-y-orquesta-toribios/


martes, 18 de agosto de 2020

RONRONEOS

Sí, señorita, ya sé que no es normal presentarse a estas horas. Pero compréndalo, mi gato ha subido al tejado y solo se puede acceder desde su ático. Imagine que se cae, pobre animal, estos gatos caseros son como bebés, tan indefensos. Tiene usted una casa muy bonita. ¿El jarrón es de China? No me diga… ¡Qué interesante! Veo que le gustan los viajes, como a mí. Si se empeña…, pero descafeinado, por favor. ¿El gato?, no se preocupe, le oigo maullar feliz, la luna está preciosa. Por cierto, ¿le han dicho alguna vez que tiene ojos de tigresa?



LA GAVIOTA

Tuvo que ser en Montecarlo, y justo el día más feliz de mi vida. La condesa de Montigny me había rechazado a la hora del té. Mi mermada fortuna no estaba a la altura de su refinamiento. Después de esto solo me quedaba el tiro en la sien. Pero no lo haría aún, necesitaba un paseo de despedida. Decidí cenar en el Bar Americaine; una langosta Thermidor puede hacer memorable cualquier vida. Animado por el champán, acabé jugando en el Casino. Qué tenía que perder. Jugué pues y, tras varias derrotas, vinieron unas líneas, unos pares y, mágicamente, ese pleno al 23 donde había puesto todo. Fui feliz. Con ese millón de francos en mi bolso, mi amada Félicité no me rechazaría. Corrí a ponerme mi mejor traje oscuro. Sabía que a estas horas la encontraría en el salón de madame Girardin y allí fui presuroso. Pero tuvo que ocurrir. La maldición de los dioses en forma de esta mancha en pleno pecho, como una condecoración para la infamia. No tuve más remedio que volver a casa y proceder.


viernes, 24 de julio de 2020

ACERA DEL TRIUNFO, 64

Pinos Puente está muy cerca de Fuente Vaqueros, pero él no lo sabía. Se limitaba a estarse quieto. “No se mueva”, le habían dicho, y él firme, con su correaje, sus borceguíes, su diminuto gorro cuartelero terciado sobre el cráneo, y su pistola, esa pistolita como de juguete que de niño tanto me intrigaba. No leyó nunca al poeta, ni supo de su muerte, pero estaba allí entonces, en la mili, que nunca le gustó decir la guerra por no darse importancia. Me mira con sus ojos azules, a través de los muchos velos ya tendidos, y creo ver su miedo, su asombro, quizás su punto de ilusión por la aventura de estar lejos de casa a sus recientes veintiuno. La mano derecha reposa en una silla tapizada, en la izquierda los guantes de gala y un reloj de esfera cuadrada en la muñeca; toque de distinción, siempre le conocí uno redondo, más corriente. El poeta quizás había ya muerto, no hay fecha. Solo un detalle al pie: “Acera del Triunfo”. Curiosa dirección en aquella Granada del 36.

lunes, 13 de julio de 2020

VIDAS DE GOURMET


Soñaba a menudo con ella. Era bella y misteriosa, y no estaba en los mapas. Al despertar, sentía el agrio sabor de la pérdida. Por lo demás, mi vida transcurría como la de cualquiera. Estudié, me casé y tuve hijos. Fracasé, encontré un nuevo amor y lo perdí también. Era feliz a ratos, si se puede llamar así a la falsa placidez de quien no sufre demasiado. Pero volvía a soñar y sentía de nuevo la desesperación de la caída. Conocía islas en vacaciones, hasta que estas se hicieron permanentes. Ya sin obligaciones, mi vida fue buscar. Hasta que vi el anuncio: “Visite la isla de sus sueños”. En el barco todos tenían la mirada perdida de los sonámbulos. Desembarqué solo, me interné en el bosque y reconocí al instante cada sendero y cada árbol hasta dar con la casa. Estabas guisando y me esperabas. Eras la misma de mis sueños, la que me decía ven con la mirada. Me he sentado a la mesa como quien lleva aquí toda la vida. Pero probé la sopa y desperté.




LA VIDA VERDADERA


Soñaba a menudo con la isla. Era bella y frondosa y no estaba en los mapas. Al despertar, sentía el agrio sabor de la pérdida pegado al paladar. Mi vida fue transcurriendo como la de cualquiera. Estudié, encontré trabajo, me casé y tuve hijos. Fracasé y encontré un nuevo amor y lo perdí también. Era feliz a ratos, si se puede llamar felicidad a esa falsa placidez de quien no padece demasiado. Pero volvía a soñar y volvía a sentir la desesperación de la caída. Visité islas, una por cada año en vacaciones, hasta que estas se hicieron permanentes. Ya sin obligaciones, mi vida fue buscar. Hasta que vi el anuncio: “Visite la isla de sus sueños”. En el barco todos tenían la mirada perdida de los sonámbulos. Desembarqué solo, me interné en el bosque y reconocí al instante cada sendero y cada árbol hasta dar con la casa. Estabas guisando y me esperabas. Eras la misma de mis sueños, la que me decía ven con la mirada. Me he sentado a la mesa como quien lleva aquí toda la vida.