martes, 14 de diciembre de 2021
EFECTOS SECUNDARIOS
Quien se tomó primero el café fue el primo Vlad, un joven cadete curtido en las estepas. Empezó por poner pegas al aroma, a lo que el tío João, orgulloso propietario en el Brasil, respondió con un guantazo en plena cara. Surgieron padrinos, y eligieron armas en el gabinete. Todos tomaron partido de inmediato y se volcaron en cruzarse apuestas a la vez que lo hacían los sables con estruendo. “No sé cuánto más voy a aguantar en esta casa”, dijo suspirando la primera doncella mientras todos, desde el cocinero al mozo de cuadra, nos tomábamos en la cocina el café de la discordia.
viernes, 26 de noviembre de 2021
ESPERANZA
El bueno de Juan estaba siempre de buen humor. Paseaba invariablemente por el parque y se sentaba luego en un banco a ver el cielo. A veces yo le observaba removiendo las hojas con su bastón, o bien examinando los objetos más diversos a base de golpecitos que parecían valorar su consistencia o su valor, al modo como reconocen el entorno los insectos con sus antenas en los documentales de La 2. Cuando le preguntaba el porqué de su contento, él me decía: “Ellos vendrán”. No le creí, pero el hecho es que un día dejamos de verlo para siempre.
CÓMO EMPEZÓ TODO
El bueno de Juan era tan blandito que parecía todo de algodón, el mamonazo. De pequeño se llevaba todos los palos del maestro y los balonazos de todo el patio. Sus padres le despreciaban por ser bueno y trataban de malearlo sin resultado. Su hermano Amado, astuto y cruel, se llevaba todos los parabienes. Por supuesto, su vida sentimental fue un sinfín de dolorosos desencuentros. Pasó por varias ocupaciones hasta encontrar aquel puesto de matarife que le abriría nuevas perspectivas.
HERMANO LOBO
El bueno de Juan siempre fue un bendito. Al morir su madre, se quedó solo en aquel caserón destartalado. No se le conoció mujer ni cosa parecida. Atendía la casa y, los días de fiesta, se tomaba un vermú en lo de Anselmo. Cuando empezó a acoger perros sin amo todo el mundo entendió que intentara sentirse acompañado. La desaparición de Bernardo, el pobre del contorno, no extrañó demasiado. Tampoco la de aquella comediante que pasó por el pueblo. Pero lo de Miguelín alarmó sobremanera. “Tenían hambre”, declaró ante el juez sin alterar un ápice su rostro angelical.
Relato participante en la XV edición de "Relatos en cadena". Frase de inicio: "El bueno de Juan".