Entre el tanatorio y la oficina de objetos perdidos estaba yo indeciso. Tenía que ir a dar el pésame a un conocido; en ciertas edades, ya se sabe, cuando no es uno es otro. Pero llovía a cántaros y suponía que mi paraguas olvidado estaría en la oficina, a la misma distancia que el infausto lugar. Así que, aquí me tienen, como el asno aquel de Buridán, sin saber qué pesebre elegir. Miro al frente y vislumbro que alguien me requiere con gestos imperiosos desde un bar. Uno en que ponen excelentes calamares fritos. Cruzo la bisectriz hacia el ángulo ápice.
lunes, 12 de diciembre de 2022
…SIN QUE NADIE LO VIERA
Entre el tanatorio y la oficina de objetos perdidos hay trescientos veintisiete pasos, siete portales, dos fruterías, un estanco, una floristería. Lo he recorrido muchas veces, cada vez que llovía, con la disculpa de recuperar un paraguas extraviado. Siempre salía con uno más viejo y tu sonrisa nueva, como nacida del rocío. Llegamos a intimar, a saber de achaques y parientes. Hoy he pasado antes por la floristería. He dejado el crisantemo junto al paraguas olvidado…
Relatos en Cadena. Jornada 10. "Entre el tanatorio y la oficina de objetos perdidos..."
martes, 22 de noviembre de 2022
UN BABEL
Me echaron de la casa de muy mala manera. Y eso que estaba antes. Mucho antes de que vinieran ellos, tan estirados, tan de manteles de hilo y cubertería francesa. El señor es un pedante, siempre con sus citas en inglés y sus conferencias con la city. La mujer una ordinaria, por mucho que se acicale y ponga voz de pito en alemán. Y los niños unos sensibleros y unos cursis que se pusieron a gritar en arameo en cuanto me vieron columpiarme. A escobazos destruyeron mi tela. Gracias que pude escapar por la ventana.
XVI Edición de Relatos en Cadena. Jornada 9
RECUERDOS DE UNA INFANCIA FELIZ
Mientras ellos discutían no había nada que hacer. Solo temblar. Meternos debajo de la mesa de la cocina y esperar temblando a que aquello no acabase, como decía a veces mi madre, saliendo en El Caso. No en vano era el único periódico que leía, un manojo de hojas plagadas de fotos confusas donde se intuían cuchillos y hachas ensangrentados. Al final, por suerte, nunca pasaba nada. Bueno, sí, iban los dos bajando el tono y se retiraban a la alcoba, donde seguían peleándose, a juzgar por los gritos entrecortados y el crujido del somier.
XVI Edición de Relatos en Cadena. Jornada 8.






