lunes, 4 de mayo de 2020

EL BAILE DE LAS COSAS


Al final del pasillo está mi madre. Voy a verla martes y jueves. Saludo en la puerta, subo dos pisos, luego a la izquierda y, al fondo, su habitación. Durante dos horas escucho las historias ya sabidas, las mil veces oídas con placer. Luego le corto las uñas, la peino y me voy. Así hasta ayer en que me lo impidieron. Grité, forcejeé. “Ya empieza con lo de la madre”, dijeron, y me inyectaron algo. Ahora estoy despertando con la extraña certeza de que es martes y la incertidumbre de si vendrán a verme.



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